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El Pecado Original según Rahner

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El tema del pecado original según la visión de Karl Rahner nos está presentado a partir de una reinterpretación a la luz de la experiencia de la libertad y de la trascendencia. Rahner nos muestra en primer lugar cómo las elecciones libres de los que se han ido antes de nosotros en la historia limitaron nuestra libertad. De otro modo como la culpa cometido por pura libertad del otro a atañido mi propia libertad. En un segundo momento presenta la culpa de otros como condición de posibilidad que nos afecta a todos. Como la culpa de otros puedes manchar mis propias elecciones incluso las buenas. Todo ello le permitió definir lo que se entiende de pecado original. Este pecado original se debe distinguir de la culpa personal, definida como la negativa de la persona para responder a la llamada de Dios a la libertad y a la trascendencia. El pecado original es la negativa para aceptar el ofrecimiento de Dios del ser divino. En la relación a ese ofrecimiento de trascendencia, la historia Bíblica del pecado de Adán es una “inferencia,” una historia que explica la idea más básica de obedecer o de ignorar a Dios. El pecado original entorpece nuestra libertad de responder a la llamada de Dios. En ese sentido deben ser entendidas las tradicionales “consecuencias” del pecado original (es decir, el trabajo, la ignorancia, y la enfermedad). Todo ello dicho, vamos a desarrollar de formar sencillas estas ideas que hemos sacado del libro Curso fundamental sobre la fe de K. Rahner
(III.4.A, p. 136) Nuestra libertad es limitada por la libertad de otros. Verdaderamente, todas nuestras elecciones son formadas por las elecciones de los que se han ido antes de nosotros. Para estar seguros, ejercitamos la libertad, pero esta libertad sucede dentro de un mundo y dentro de una historia formada por las decisiones de otros. Así que “la historia de la libertad” tiene una influencia sobre nosotros. Nuestra libertad no es absoluta, sino una participación en la libertad. Nuestras decisiones son así nunca una pura manifestación de lo bueno ni de lo malo, pero las elecciones dentro de una situación dada a nosotros.
(III.4.B, p. 137) ¿Cuando nosotros sufrimos el mal de otro, es esto una manifestación verdadera de una intención mala? Puede ser, Rahner dice, pero no hay certeza. Uno puede estar cierto de una propia maldad subjetiva. Aunque la culpa personal de otro se quede en tinieblas, y oscurece igualmente mi propia participación en una situación mala (que, como el pecado original, me puede formar), no obstante parece verdadera esta “situación” en que me encuentro me puede dirigir a la maldad. Ese es el sentido de Rahner del pecado original.
(III.4.C, p. 139) Todos son alcanzados por la culpa de los otros. Y cuando es alcanzado por otra culpa, yo soy “co-determinado” por esa culpa. Forma mis elecciones, aún mis actos buenos son manchados por la culpa de otros, aunque puede aparecer como algo bueno. El ejemplo: compro muebles de madera y todo el mundo está contento porque están bien montados y dan un esplendor en mi casa. Pero lo que olvido es que comprando estos muebles he contribuido en la deforestación y por lo tanto en el avanzado del desierto sobre todo en África. Esto es una forma del pesimismo cristiano, dice Rahner, pero tiene una verdad. Disipa el mito de la utopía.
(III.4.D, p. 140) Nuestra culpa es “original” en el sentido que los seres humanos han establecido esta culpa a través de la historia. No hay un momento en la historia en que los seres humanos no hayan sido culpables de la maldad. La historia de la maldad nos co-determina, como vimos en la sección previa. Este es el significado del pecado original. Para decir que algún acto original de Adán y Eva se ha transmitido en su calidad moral, o transmitido biológicamente, es una forma de la mitología. De hecho Rahner nos ilustre su idea con el ejemplo del plátano comprado y cuyo precio está ligado a muchas condiciones previas
(III.4.E, p. 141) El pecado original no es la culpa personal. La culpa personal se encuentra en nuestra negativa para aceptar la trascendencia que Dios ofrece, es decir, cuando nosotros nos negamos a hacer lo bueno a lo que somos llamados y que daría cuenta de nuestro potencial. Verdaderamente, la palabra “pecado” es utilizada analógicamente; de hecho a través la película Babel de Alejandro Gonzaléz Iñarritu, hemos visto como acércanos a la idea de pecado original.
(III.4.F, p. 143) En el resumen, el pecado original enseña que nuestra situación humana, en cualquier elección es formada por la historia, es “determinada por la culpa.” La historia y la culpa dañan nuestra libertad. ¿Cuánto se daña? Eso depende del pecado que se encuentra en el fundamento del pecado original. Si ese pecado es un rechazo del ofrecimiento de Dios del ser divino, entonces es más pesado que un rechazo de uno o de otro mandamiento divino. Un rechazo de auto-comunicación de Dios es el rechazo de la condición para la libertad verdadera
(III.4.G, p. 144) Uno puede llegar a una reflexión en el pecado original a través de la experiencia cristiana de la historia de la salvación. Esa historia culmina en el Dios-Hombre, Jesucristo, que (a diferencia de la culpa humana) no es un producto de la historia humana. El encuentro con Cristo nos enseña que somos llamados a la trascendencia, y ese pecado es un rechazo del ofrecimiento de Dios de la trascendencia. Por el contraste, la historia del pecado original de Adán es una “inferencia.” Inferimos la existencia de un pecado primal de nuestra experiencia del ofrecimiento de la trascendencia y de nuestra aceptación o el rechazo de él.
(III.4.H, p. 145) La Iglesia proclama que el trabajo, la ignorancia, la enfermedad, el dolor y la muerte son “las consecuencias” del pecado original. La experiencia enseña, sin embargo, que éstos existirían sin el pecado original. ¿Así que cómo deberemos interpretar la proclamación de la Iglesia? El enfoque de Rahner deberá decir que interpretamos éstas “consecuencias” diferentemente en nuestra situación concreta de la culpa, la situación de que co-determina y limita nuestra libertad.

El pecado original se debe entender como una limitación sobre la libertad humana, Rahner dice, no en los términos mitológicos inferidos de una experiencia más básica y trascendental. La enseñanza acerca de los dones preternaturales (la vida del Edén sin el dolor, la ignorancia, etc.) expresa nuestro anhelo de la existencia sin la culpa. Trazamos la pérdida de estos dones al mito de Adán y la pérdida de Edén. El mito, sin embargo, simboliza algo más profundo. Simboliza el “no” a Dios que seres humanos han pronunciado de su orígenes.

Fuentes: Karl Rahner, Curso Fundamental sobre la fe: “El “pecado original”, Barcelona 1998, 136-146.
Mark F Fischer Paráfrasis del Curso Fundamental sobre la fe de Karl Rahner.

Clément TSANGA
Clément TSANGA MBIA
Coach en Marketing des entreprises et d´eveloppement de la personne.
Membre officiel du Programme International des Maitres d'Arts Martiaux et professeurs des centres socio-educatifs contre les addictions "Las Escuelas Hermanas"

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