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Une réflexion sur le Tabou

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Una reflexión en torno al concepto de Tabú
Clément TSANGA MBIA

La cuestión del tabú se encuentra en el centro de la existencia humana. La vida es tabú en el sentido de que ningún ser humano tiene el derecho de quitársela y tampoco de quitártela. Por ser tabú hay que ver la vida como sagrada. Lo que no podemos violar es en una cierta medida algo imprescindible para nosotros. Cuando uno se pregunta sobre su existencia se da cuenta de que no todas las reflexiones o cuestiones tienen respuestas. Por eso podemos ver el tabú en el ámbito de lo misterioso. El misterio visto aquí como algo que no podemos agotar o conocer por completo.
La vida es tabú se entiende en la perspectiva del respeto hacia el cuerpo, por eso en algunas culturas la corporeidad es muy importante. Una persona que tiende a prostituirse o a manchar su cuerpo por cualquier marca puede correr el riesgo de ser rechazado por su sociedad. Por eso hay a veces una mirada que la gente tiene hacia algunos que llevan tatuajes, piercing, incluso que aquellos que utilizan su cuerpo a fines sexuales.
Somos permanente llamados a cuestionarnos pero no siempre tenemos respuestas. El tabú nos sumerge en el silencio total. Hace de nosotros seres incoherentes y no auténticos. En una sociedad donde las libertades están reconocidos sólo en los papeles, no podemos hablar públicamente de algunos temas que tocan la gobernación o la gestión de la sociedad por parte del poder ejecutivo. Siempre hay que decir cosas buenas para no entrar en conflicto con el gobierno dictatorial. Esta situación de cobardía o de silencio es lo que convierten la sociedad en tabú. Lo callado expresa lo prohibido. A nadie se debe pedir explicaciones. Las decisiones han sido tomado hay que seguir lo que nos piden y dejar la argumentación. Me viene en la mente este chiste que se comenta sobre el ejército. Se dicen que un militar no debe argumentar solo debe ejecutar. Por lo tanto el argumento no es algo que nos ofrece el tabú. Aquí vemos que no pensar, no argumentar, no expresarse o no preguntar son modos de expresión de una ausencia de libertad. En nuestro mundo, la gran parte de países bajo el régimen de la democracia encubierta viven en el velo del silencio que llamamos tabú.
Una reflexión sobre el tabú puede transcender el espacio propio de cada ser. Ahí el tabú será visto no como algo que cada uno entiende según su contexto sino como algo común a todos. El caso más representado aquí es el de la muerte. La muerte es tabú en el sentido de que no se puede hablar de ella como si fuera un juego. Frente a la muerte, el ser humano no puede nada. El tema de la muerte no forma parte de la reflexión humana porque es algo más allá de nuestro entendimiento. Más bien de todo lo que se puede hablar o lo que se puede decir, la muerte guarda su carácter misterioso. Es una realidad que no tiene solución. Se la recibe tal como se presenta. El anuncio de una defunción no es fácil. Se busca siempre una forma adecuada para decirlo. Sólo el carácter de la muerte suscita el miedo. Podemos decir que de la persona la más valiente hasta la más cobarde, la reacción ante la muerte es lo mismo: un sentimiento de miedo y de tristeza. Por eso mucho prefiere no hablar de la muerte porque evocarla es ya abrir una puerta al miedo.
Vamos a continuación presentar casos concretos que hemos experimentado y que conocemos sobre la muerte.
En Camerún, un país de África central. De parte a su diversidad cultural y social, el tema de la muerte es uno de los temas lo poco hablado porque la gente ahí piensa que hablar de la muerte es ya una forma de prepararse a morir. Por eso en los funerales, lo que se hace es dar un sentido celebrativo a la muerte más que un sentido de tristeza. En las veladas que se organizan en el domicilio del difunto, participan coros y grupos de bailes. Durante la noche entera, cantan, bailan y todos los que participan en la velada tienen algo para beber. Así se olvida enseguida el motivo por el cual está organizada la velada. Pero hay que decir que a pesar de estos intentos de sombrar la muerte en el olvido, ella por su parte se impone y al final lo que pasa es que todos aquellos que cantaban y bailaban de noche para olvidar esta tristeza, vuelven de nuevo a sentirla a la hora del entierro. Y después de ello no se puede hablar por miedo. No se puede preguntar por miedo. Y cuando hay que dar un testimonio sobre el muerto, siempre se debe hacer alabándolo. Así por lo menos él que da testimonio tendrá la certeza de que no va a encontrar el fantasma del difunto.
A la vuelta de mis vacaciones que tuvo en mi país en 2009, el avión en el cual viajaba estaba a punto de derrumbarse y nosotros pasajeros que estaban dentro entramos en un gran pánico. Gritos, llantos, oraciones. Era algo que no podía imaginar vivir. En la mirada de algunos se veía claramente el miedo frente a la muerte. Después de media hora de lucha, el piloto volvió a tener control sobre el aparato. Pudimos seguir el vuelo sin problemas pero de todo lo que pasó nadie tuvo coraje de hablar porque estábamos todos ante una situación de muerte. Nadie pudo comentar ni siquiera preguntar qué pasó. Seguramente lo contrario hubiera ocurrido si en vez de este pánico, las azafatas nos anunciaran que por motivo de viajar en este avión tendríamos derecho a pedir lo que queremos comer y beber. Ahí deberíamos entender todos los comentarios hasta la alegría de saber que tenemos cosas gratis que las compañías no suelen ofrecer con un vuelo económico.
La muerte por su carácter misterioso es el tabú que une a todas las conciencias humanas. De tal modo que hasta un ladrón antes de ir a robar, confía su vida a Dios. No va con el sentido de que vaya a morir sino a robar y volver sano a su casa. Nadie quiere morir hasta la gente que pide eutanasia o aquellos que mueren por suicidio. Siempre antes de tomar esta decisión, entran en conflicto con ellos mismos y se ven como preocupados por lo que les espera. Por eso de forma gratuita no podemos decidir si o no queremos morir. No es algo que se decide. Ni la persona misma, ni el otro no podrán jamás tomar una decisión a matar al ser humano porque la vida es sagrada.
El tabú también lo viví cuando era pequeño. Los ancianos de mi pueblo nos contaban historia raras para asustarnos. Me acuerdo de la típica historia del hombre malo del pueblo que se transformaba en serpiente para atacar a aquellos que paseaban de noche. Eso de repente fue un motivo para que mis padres nos prohibiesen ir al pueblo. Sólo ellos iban mientras nos dejaban en casa. Es uno de los motivos por el cual la gran parte de mi cultura me queda muy alejada porque no tuve un verdadero contacto con mi pueblo. Otra cosa que noté con los ancianos de mis pueblos era que cuando no querían que comiéramos tal comida, inventaba una historia sobre esta y nos decían que sólo los mayores tenían este derecho.
Hoy en día no podemos decir que estamos ya librado del tabú. Porque es algo presente y se impone por si mismo. Dentro de la Iglesia, en la sociedad, en nuestro barrio y en nuestra casa. Hay siempre algo que aparece como prohibición y que no podemos pedir explicaciones. Por eso se dice en francés que “l’excès de curiosité tue” (el exceso de curiosidad mata). No es todo lo que se debe saber.
Lo más importante de lo que podemos subrayar en torno a este tema es que el tabú puede alienar si uno no pone ante todo el criterio de discernimiento frente a lo que le está pasando. Todo no puede ser racional pero todo puede ser razonable. Dar cuenta de lo que creemos y de lo que vivimos nos aleja de la superstición. No vamos a negar su presencia y tampoco no vamos a vivir siempre con ella.
Clément TSANGA MBIA
Coach en Marketing des entreprises et d´eveloppement de la personne.
Membre officiel du Programme International des Maitres d'Arts Martiaux et professeurs des centres socio-educatifs contre les addictions "Las Escuelas Hermanas"

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